21 Abr Mensaje con motivo de la fiesta de la Madre del Divino Pastor 2026
“María, Virgen hecha iglesia.
¡Salve, palacio de Dios!
¡Salve, tabernáculo de Dios!
¡Salve, casa de Dios!”
(SalVM 1. 4)
¡PAZ Y BIEN!
“Reina del cielo, alégrate, ¡aleluya!, porque Aquel a quien mereciste llevar en tu seno, ¡aleluya!, resucitó según dijo, ¡aleluya!”
Sí, María, la humilde nazarena, llevó al Hijo de Dios en su seno; por ello es “palacio, tabernáculo, casa de Dios” (SalVM 4). Ella, con su “hágase” (Lc 1, 38), fue la primera morada de Jesús en el mundo. Y Ella, acompañándole hasta la cruz, donde acogió a Juan (“He aquí a tu hijo” Jn 19, 26) y presente en el Cenáculo (cf. Hch 1, 14), se convierte en “Virgen hecha Iglesia” (SalVM 1). María lleva a Jesús en su tabernáculo interior; por ello puede acoger, cuidar y conducir hacia Él a los hombres y mujeres por quienes ha dado la vida.
En este año en que recordamos especialmente a Francisco de Asís, al celebrar el VIII Centenario de su muerte, estas expresiones acerca de María nos llevan a ver en Ella a la Madre que custodia al Hijo y, en Él, a todos nosotros. Sí, María cuida a Jesús y cuida a su rebaño. He aquí el corazón de Pastora de nuestra Madre que tanto cautivó al P. José Tous: un corazón que late de amor por Dios y por el prójimo, un vivo ejemplo para cada uno de nosotros.
Y queremos que nuestro corazón lata al unísono con el suyo, pues nuestra vida, nuestra plegaria y nuestro apostolado han de ser genuinamente marianos. Por esto, en esta preparación a la fiesta de la Madre del Divino Pastor, es bueno examinar cómo late nuestro corazón mirando el de nuestra Pastora.
A. CORAZÓN SILENCIOSO
Dócil a la escucha del Espíritu, gracia y fecundidad se unen en María para ser la puerta de la salvación. Abierta a la escucha y acogida de la Palabra, deviene puente entre Dios y la humanidad. Como Ella, dejémonos llenar de la fecunda presencia de Dios para hacernos intercesión permanente por los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Madre y Pastora silenciosa, enséñanos a silenciar, serenar y pacificar nuestro corazón para custodiar a Jesús en él.
B. CORAZÓN POBRE
María se identifica con los “anawin” de la Escritura: los preferidos de Yahvé, los humildes, pequeños, sencillos, confiados en la providencia del Padre. María, como ellos, despojada de toda seguridad humana, es mujer de fe y esperanza en Dios. Así, nosotros, con espíritu de pobres como Ella, lo esperamos todo de Él. Contemplemos cada día más al Pobre Crucificado y a su Madre al pie de la cruz, para irnos conformando a Él. De esta manera tendremos también una mayor sensibilidad y entrega a los menos favorecidos. Madre y Pastora pobre, sostennos en una constante conversión hacia un corazón pobre y humilde para custodiar a Jesús en él.
C. CORAZÓN OBEDIENTE
El “sí” de María, desde la Anunciación hasta el Calvario, se manifiesta en una donación constante, libre, responsable y comprometida: disponibilidad total al plan de Dios a través de mediaciones humanas. Si Jesús es “obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Flp 2, 8), la Madre le acompaña hasta el final, pues sabe de amor sin condiciones, de entrega sin reservas, de fidelidad a la palabra dada. Así son el Pastor y la Pastora: se sacrifican por cada una de sus ovejas. Por ello, María es modelo de obediencia al Padre: queramos imitarla en la búsqueda constante de la voluntad de Dios. Madre y Pastora obediente, cultiva la disponibilidad de nuestro corazón para acoger y custodiar a Jesús en él.
D. CORAZÓN CARITATIVO
María se siente profundamente amada por Dios y esta experiencia es la que irradia con su solicitud en el cuidado de las “ovejitas”: compasiva, atenta, tierna, cercana, detallista, pronta en el servicio… Les invito a imitarla en su caridad para con Él y para con todos, a fin de que crezca en las fraternidades el deseo del P. Tous: “caridad, paz y santa unión” (J. T. Circular 1864). Confiémonos a su corazón bondadoso y misericordioso, pues “todos necesitamos que la Divina Madre nos mire con ojos de misericordia” (Ibid.). Madre y Pastora caritativa, abre nuestro corazón y llénalo de caridad para poder custodiar a Jesús en él.
E. CORAZÓN MISIONERO
“Con María, ¡levántate y ponte en camino al encuentro de la Vida!”. El lema capitular nos impulsa a la prontitud, a la presteza en el anuncio del Reino. En estrecha relación con María, seamos “visitación” para el prójimo: abrazo que consuela, mirada que pacifica, palabra que anima, manos que sirven, pies que acompañan en el camino: vida compartida, testigos del amor redentor del Hijo. En definitiva, una respuesta al amor de Jesús que nos empuja a trabajar para que “las ovejas” no salgan jamás del redil del Buen Pastor y para recoger las que están descarriadas. Madre y Pastora misionera, ayúdanos a custodiar siempre en nuestro corazón a Jesús para que sepamos ser “buenos pastores” de su rebaño.
Realmente, la confianza en el corazón de nuestra Madre y Pastora sostiene nuestra fidelidad al Señor. Y me brota del alma: ¡GRACIAS, MADRE! Verdaderamente, el corazón silencioso, pobre, obediente, caritativo y misionero de nuestra Pastora es un palacio, un tabernáculo, una casa preciosa para Dios: una verdadera morada que custodia a Jesús y a nosotras.
¡Contagiemos el amor a la Madre del Divino Pastor! Nuestra filial confianza a la Madre de Jesús transmitámosla a todas las personas con las que convivimos, tanto en la familia como en el trabajo, a nuestras amistades y a quienes nos cruzamos en los senderos de la vida. ¡Que se nos note el amor a nuestra dulce Pastorcita!
María, Tú que mereciste llevar en tu seno al Señor, haz de nosotros custodias de tu Hijo y anima nuestra entrega para llevar a todos el gozoso anuncio de su resurrección. ¡Aleluya!
Les deseo que vivan con fervor la festividad de la Madre del Divino Pastor y, al mismo tiempo, que reafirmen el propósito de seguir su ejemplo, principalmente el de su humildad.
¡FELIZ FIESTA! Les abraza su hermana,
Mª Carme Brunsó Fageda.
Superiora General.
Barcelona, 17 de abril de 2026.