Mensaje dirigido a los educadores con motivo del inicio del curso escolar 26-27

¡PAZ Y BIEN!

Estamos a las puertas de un nuevo año escolar. Después de haber caminado con esperanza a lo largo de muchos meses del pasado curso, agarrados a aquellas cuerdas que nos tendieron manos generosas, colmadas de cariño, espejos del amor del Padre, nos sentimos llenos de tanto bien y de tanta bondad. Y, en medio de todo ello, una voz nos susurra: ¡Siembra alegría!

Este es el lema que nos da la bienvenida y que nos acompañará desde hoy y durante cada día del curso 2026-2027.

Un lema que, a las puertas de celebrar el VIII Centenario de la muerte de San Francisco de Asís, nos trae a la memoria aquella oración que se le atribuye: ¡Hazme, oh Señor, instrumento de tu paz! Un profundo anhelo de construir un mundo más pacificado, siendo sembradores de semillas, entre ellas, la semilla de la alegría, como rezamos en la misma plegaria: Donde haya tristeza, ponga yo alegría.

Un gozo profundo que nace del encuentro con Jesús, pues Él nos dice: “Vuestro corazón se llenará de alegría, de una alegría que nadie os podrá quitar” (Jn 16, 22). Se trata de acoger su mensaje con un corazón abierto, limpio como el de un niño, para reconocer su paso por nuestras vidas y dejarnos orientar por sus enseñanzas, verdadera brújula que nos señala el norte: la felicidad plena en Dios.

Entonces, a pesar de las dificultades inherentes a toda existencia humana, nos mantendremos en una paz serena y brotará de nuestro interior una alegría constante, fruto de vivir agradecidos por tanto bien recibido. Una alegría que se manifestará en sonrisas radiantes, miradas brillantes —espejos del alma—, manos abiertas, abrazos cálidos… Así se harán realidad aquellas palabras de San Pablo:

“El que siembra poco, poco cosecha; el que siembra mucho, mucho cosecha. Dios ama al que da con alegría. Dios puede concederos con abundancia toda clase de bendiciones, para que, además de tener lo necesario, os sobre para ayudar a toda clase de buenas obras” (2 Co 9, 6-8).

Así pues, sostenidos por el mismo Dios, estamos invitados a ser sembradores de alegría, compartiendo:

La fe que «mueve montañas» (cf. Mt 17, 20).

Miradas esperanzadas hacia el porvenir, confiados en la providencia de Dios.

Expresiones de amabilidad, ternura y acogida.

Actitudes que impulsen al diálogo y a la cooperación mutua.

Gestos solidarios que tiendan puentes entre las personas y las culturas.

Palabras de ánimo que ayuden a descubrir el lado más positivo de los acontecimientos.

Ilusiones que dibujen caminos luminosos en el día a día.

Ojalá sea así en los pasillos, en las aulas, en los patios y en los recibidores de nuestros colegios, pues deseamos que sean espacios de encuentro, crecimiento y enriquecimiento mutuo como comunidades educativas, poniendo los dones recibidos al servicio del prójimo y de una sociedad más fraterna.

Serán los frutos de sembrar semillas de alegría que brotan de corazones contemplativos de Dios y de la realidad, pacificados y generosos: “Hay más felicidad en dar que en recibir” (Hch 20, 35).

A todos vosotros, educadores y educadoras de los Colegios MDP, os encomiendo a la Madre del Divino Pastor, fuente de alegría, para que os acompañe y, como Ella, transmitáis el gozo del Señor que anida en vuestros corazones:

¡Sembrad alegría!

Hna. M.ª Carme Brunsó Fageda
Barcelona, 1 de septiembre de 2026