Mensaje con motivo de la fiesta del Beato José Tous 2026

“Él mismo, en humilde apariencia, diariamente
desciende del seno del Padre al altar”
(San Francisco – Admonición 1)

VIII Centenario de la muerte de San Francisco.

PAZ Y BIEN.

“Quédate con nosotros” (Lc. 24, 29). Una invitación de los discípulos que se dirigían a Emaús que es expresión del anhelo de tantos otros, entre ellos, nosotros que repetimos, una y otra vez, en nuestro interior: ¡Quédate, Señor! Y la creatividad de nuestro Dios es tan grande como su humildad: se quedó en ¡un pedacito de pan convertido en su propio cuerpo! San Francisco lo expresa con gran elocuencia en la Admonición 1: “Ved que diariamente se humilla, como cuando desde el trono real, descendió al seno de la Virgen; diariamente viene a nosotros Él mismo en humilde apariencia; diariamente desciende del seno del Padre al altar en manos del sacerdote”. Y manos de sacerdote fueron las del Beato José Tous quien no dejó pasar un día sin celebrar la Misa y quien dedicó horas a adorarle en el sagrario, con el fervor de un alma seducida por Jesús, un alma que no se cansa de mirarle y de querer ser como Él: amor hecho oblación. Veámoslo haciendo una lectura eucarística de su itinerario espiritual.

A.- LA PRIMERA COMUNIÓN. La entrega de la vida que observa en su cristiana familia favorece el crecimiento de su fe, así como la recepción de los sacramentos, especialmente la participación en la Eucaristía, aunque “no se conoce la fecha de su primera comunión, pero conjeturamos que debió hacerla en Santa María de Igualada, en el mismo templo en que fue hecho cristiano, preparado por su hermana Josefa” (Peiró, T.: Fiel a Dios y fiel a los hombres. Pág. 12). La paz de su alma al recibir la comunión, acrecienta el deseo de unión con Dios, de darle todo sin reservarse nada, y hace arder su corazón, como les sucedió a los discípulos de Emaús en el encuentro con Jesús. Así, en el P. Tous, SU HUMILDE APARIENCIA DE CAMINANTE QUE PARTE EL PAN, LE INVITA A SER HUMILDE PEREGRINO DE LA FE.

B.- LA CONSAGRACIÓN. Después de cada comunión, mientras ora en silencio, unas palabras le resuenan: “Tomad y comed” (Mt 26, 26): Jesús se ha hecho pedacito de pan, entregado hasta la muerte: “nos amó hasta el extremo” (cf. Jn 13, 1) Y, además, un encargo: “Amaos” (Jn 13, 34). La donación de Jesús se convierte en llamada y la llamada deviene compromiso: Fraile capuchino, una vocación hecha realidad en 1828 al pronunciar sus votos. Fra Josep d’Igualada quiere amar incondicionalmente como Jesús en el pan consagrado, ser un pedacito de pan que se da con generosidad. Lo había empezado a experimentar en el Noviciado, durante el cual “pudo desarrollar ampliamente y experimentar dos de sus devociones predilectas: la devoción a Jesús Sacramentado y la devoción a la Virgen santísima que fueron, en el resto de su vida, el norte y guía de sus actividades apostólicas” (Positio Vol II, pág. 130). Así, en el P. Tous, LA HUMILDE APARIENCIA DE JESÚS EN EL PAN PARTIDO Y REPARTIDO, LE INVITA A SER HUMILDE CAPUCHINO.

C.- EL SACERDOCIO. ¡Qué gozo! Le inunda la alegría del Espíritu Santo. Ya es fraile. Siente una profunda paz. Cristo le atrae desde la cruz, su sangre derramada por la salvación de todos… Sí, caminará hacia el sacerdocio. Sí, sus manos consagrarán el pan para ser compartido con todos, para ser alimento en el sendero hacia la eternidad. Sí, hará realidad las palabras de Jesús: “Dadles vosotros de comer” (Lc 9, 13). El 24 de mayo de 1834 llega el esperado momento: ser sacerdote de Cristo, lo cual configura su ser y su hacer, gastando su vida como pan tierno que se reparte, desde la pequeñez y la fragilidad. Para él, tiene un mismo significado consagrar el pan en el altar para dar el Cuerpo de Cristo a las gentes y amar al prójimo en una entrega constante. “El hecho de que el P. Tous muriera celebrando la Eucaristía no es casual, sino el coronamiento de toda una vida de piedad” (Positio, Vol. I, pág. 29). El 27 de febrero de 1871, en el altar celebrando su última cena con el Señor, como a los discípulos de Emaús, “se le abrieron los ojos” (Lc 24, 31) y… le reconoció en el ágape eterno. Así, en el P. Tous, LA HUMILDE APARIENCIA DE JESÚS EN EL PAN CONSAGRADO EN EL ALTAR, LE INVITA A SER HUMILDE SACERDOTE.

D.- LA ADORACIÓN EUCARÍSTICA. El ardor de su corazón lo mantiene vivo a lo largo de los años, con el único fin de ser ofrenda agradable a Dios. Y uno de los medios es la frecuente adoración al Santísimo, para “alabar siempre a Dios por medio de Jesucristo” (Hb. 13, 15). Frente al sagrario o delante de la custodia con el Señor expuesto, su alma está sosegada. Contempla al Amor, permanece en un silencio profundo, intercede ante Jesús abriendo los pliegues de su corazón repleto de rostros, de nombres… y descansa en Él. Percibe la certeza de sus palabras: “Venid a mí… yo os daré reposo. Aprended de mí, que soy paciente y humilde de corazón; así encontraréis descanso” (Mt 11, 28-29). El P. Tous bebe del torrente que brota de este Corazón y, después, “derrama los santos pensamientos y devotos afectos que le han sido comunicados” (J. T. Circular 1864). Un bello ejemplo de su ardor en la adoración eucarística se refleja en el siguiente texto de la Positio, Vol. II, pág. 186:

“El 29 de agosto de 1842 en el monasterio de las benedictinas de Toulouse, como miembro de la Adoración Perpetua, con qué fervor oraría con esta oración:

Yo pongo sobre el altar mis pensamientos, mis afectos,
mi voluntad, mis deseos, todo mi ser.
Como Vos os habéis inmolado por mi, ¡oh Salvador mío!
yo deseo inmolarme por Vos, no vivir más que para vuestra gloria y morir por ella”.

Así, en el P. Tous, LA HUMILDE APARIENCIA DE JESÚS EN EL PAN DEL SAGRARIO Y DE LA CUSTODIA, LE INVITA A SER HUMILDE Y CONFIADO DISCÍPULO.

E.- UN PASTOR EUCARÍSTICO. Su amor apasionado a la Eucaristía le da una fortaleza extraordinaria. Fruto de ella y por inspiración del Espíritu, funda nuestro Instituto “destinado para el bien de las almas y para la educación” (J. T. Carta 16-6-1868). Infunde en las hermanas el amor a la Eucaristía y les exhorta a ser muy cuidadosas en la preparación para la comunión: “Antes de comulgar pondrán todo su cuidado en examinar muy bien sus conciencias, considerando el nobilísimo don de Dios dado a nosotros con tanta caridad” (Const. 1851, Cap. VI). ¡Qué hermosa expresión! Jesús es don, es corazón hecho caridad para nosotros, es providencia divina que nos abastece. Por ello, el P. Tous siempre acude a esta Mesa con mucha confianza. Y continúa diciéndonos: “Antes de ir a comulgar, se pedirán perdón” (Ibid). La paz, la caridad, la unidad proceden de un alma que comulga reconciliada con Dios y con los hermanos. Así, en el P. Tous, LA HUMILDE APARIENCIA DE JESÚS EN EL PAN DE CADA COMUNIÓN, LE INVITA A SER HUMILDE PASTOR DEL REBAÑO CONFIADO.

¡Qué patrimonio espiritual hemos recibido! Dejémonos interpelar por este itinerario espiritual del Beato José Tous, “discípulo auténtico de San Francisco” (Const. 3). Ambos, desde una profunda humildad, nos dan ejemplo de ser ALMAS EUCARÍSTICAS, ambos nos hablan de FIDELIDAD al don de Dios. Preguntémonos: ¿En qué debo profundizar para crecer como alma eucarística?

Jesús es nuestra fortaleza y nuestra felicidad. Vivamos recibiendo su Pan y agradeciéndolo. Vivamos dándonos como pan que se deja partir y repartir. Seamos oblación para Dios y don para los hermanos.

“Y se quedó con ellos” (Lc. 24, 29). Gracias, Jesús, por haberte quedado con nosotros en la Eucaristía y por habernos dado a tu Madre para acompañarnos en el camino de nuestra entrega a Ti. María, tú que le llevaste en tu seno, enséñanos a saber acoger, custodiar y amar el don de tu Hijo en el pan eucarístico y, como Tú, podamos darlo con magnanimidad al prójimo.

Deseándoles una bendecida fiesta del Beato José Tous, reciban un abrazo fraterno de su hermana,

Mª Carme Brunsó Fageda.
Superiora General.
Barcelona, 17 de mayo de 2026.

Mª Carme Brunsó i Fageda.

Superiora General.

Barcelona, 17 de maig de 2026.