03 Mar Mensaje con motivo de la Cuaresma 2026
PAZ Y BIEN.
“Escucha, tú, la palabra de Dios, no solo con tus oídos, también con tu corazón. (…) Estate siempre atento a su voz (…) ¡Vívela, vívela!”. La letra de este conocido canto ha resonado con fuerza en mi interior al leer la llamada a la ESCUCHA DE LA PALABRA que nos dirige el Papa León XIV en el Mensaje con motivo de la Cuaresma 2026:
“Este año me gustaría llamar la atención sobre la importancia de dar espacio a la Palabra a través de la escucha. (…) Es un Dios que nos atrae, que hoy también nos conmueve con los pensamientos que hacen vibrar su corazón. Por eso, la escucha de la Palabra nos educa para una escucha más verdadera de la realidad”.
Y la Palabra nos habla con claridad por boca del profeta Joel en este Miércoles de Ceniza, dando el enfoque a todo el tiempo cuaresmal. ¡Escuchémosla!
“Ahora -oráculo del Señor-,
VOLVEOS A MÍ de todo corazón
con AYUNOS, LLANTOS y LAMENTOS;
RASGAD VUESTROS CORAZONES, no vuestras vestiduras,
y CONVERTÍOS al Señor, vuestro Dios,
un Dios compasivo y MISERICORDIOSO.
Y os enviará BENDICIÓN” (Joel 2, 12-14).
RASGAD VUESTROS CORAZONES. Si rasgar las vestiduras era en Israel la expresión externa del arrepentimiento, la Palabra nos exhorta a entrar en nuestro interior para desgarrar y despedazar el corazón a fin de poder examinarlo y, con la gracia de Dios, reconstruirlo, poniendo al Señor y su Reino en el centro. RASGAD VUESTRO CORAZÓN resuena con fuerza al iniciar el camino cuaresmal. La llamada es clara y contundente: escrutemos y tomemos conciencia de nuestro estado espiritual y volvamos con sinceridad a Dios.
Tenemos los medios: Conversión, ayuno, lamento, llanto… y la certeza del encuentro con un Dios misericordioso dador de bendiciones. ¿No son expresiones que sentimos como propias de nuestra espiritualidad? Francisco de Asís, de quien celebramos el VIII Centenario de su muerte, es referente de todo ello. Veámoslo:
A.- El joven Francisco es buscador del rostro de Dios (cf. Sal 26, 8), de su querer. Para ello busca el silencio y la soledad. Ahí puede escuchar la voz diáfana de su Señor: “Francisco, ¿quién puede favorecer más, el siervo o el señor? (2Cel 6). O bien: “Francisco, ve y repara mi casa que amenaza ruina” (2Cel 10). Y él se compromete con Jesús y le sigue buscando, le sigue escuchando… Siente un gozo profundo en el encuentro con Él. Empieza a saborear la dulzura del alma, disfruta el amor de Dios que le atrae, le llama y le colma: “Todo Bien, sumo Bien” (AlD 3). Y se VUELVE cada vez más a Él. Francisco, alma sedienta en búsqueda de Dios, muéstranos los senderos para volver a Él.
B.- En su atenta escucha, llega la llamada a la CONVERSIÓN: el encuentro con el leproso es un punto de inflexión: “lo amargo se torna dulzura del alma y del cuerpo” (Test 3). Ha sido capaz de acercarse, darle la mano y besarlo. Ya no hay vuelta atrás. Acoge al vulnerable, al pobre, al que está en los márgenes… el icono de Cristo. Abrazar a los pobres y a la Dama Pobreza es un mismo anhelo en seguimiento de Jesús: vivir el Evangelio sin glosa.
A esta conversión nos invita el Papa León en su Mensaje para la Cuaresma de este año:
“Todo camino de conversión comienza cuando nos dejamos alcanzar por la Palabra y la acogemos con docilidad de espíritu. Existe, por tanto, un vínculo entre el don de la Palabra de Dios, el espacio de hospitalidad que le ofrecemos y la transformación que ella realiza. Por eso, el itinerario cuaresmal se convierte en una ocasión propicia para escuchar la voz del Señor y renovar la decisión de seguir a Cristo”.
Francisco, alma en continua conversión, alcánzanos saber acoger la Palabra que nos invita a vivir como “pobres de espíritu” (Mt 5, 3).
C.- Y la conversión va de la mano del espíritu de oración: LLANTO, LAMENTO…, en una palabra, la necesidad de relación asidua con el Señor. Contarle el “trajín” de la vida cotidiana, los deseos del alma… y mantener los oídos atentos a su voz, dialogar de corazón a corazón… y contemplar: del yo al Tú. Francisco así lo descubre, así lo vive: la oración es el respiro de su alma. Unirse a Él en su pasión es su anhelo más profundo. Por ello, llantos y sollozos se convierten en la expresión externa de su unión interna con Jesús. Así lo relata la Leyenda de los Tres Compañeros:
“Un día iba solo cerca de la iglesia de Santa María de la Porciúncula llorando y sollozando en alta voz. Un hombre espiritual que lo oyó le preguntó por qué lloraba. Y él le contestó: Lloro la pasión de mi Señor, por quien no debería avergonzarme de ir gimiendo en alta voz por todo el mundo”.
Francisco, alma contemplativa, concédenos vivir en la presencia del Señor, meditando de continuo los misterios de su pasión y muerte en la cruz.
D.- Junto con la oración, el AYUNO: la disciplina del cuerpo. También es ejemplo de ello el Pobrecillo de Asís, del cual en la Leyenda de los Tres Compañeros se nos dice:
“Fueron tantas las mortificaciones con que maceró su cuerpo, que, así sano como enfermo, fue austerísimo y apenas o nunca condescendió en darse gusto”.
Y él mismo expresa este convencimiento en su Carta a los Fieles: “Debemos ayunar y abstenernos de los vicios y pecados, y del exceso de comida y bebida”.
Testimonio y exhortaciones que siguen siendo muy actuales ocho siglos después. Así lo expresa también el Papa en su Mensaje Cuaresmal, ampliando el concepto “ayuno” a otras situaciones:
“Me gustaría invitarles a una forma de abstinencia muy concreta y a menudo poco apreciada, es decir, la de abstenerse de utilizar palabras que afectan y lastiman a nuestro prójimo. Empecemos a desarmar el lenguaje, renunciando a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a hablar mal de quienes están ausentes y no pueden defenderse, a las calumnias. Esforcémonos, en cambio, por aprender a medir las palabras y a cultivar la amabilidad: en la familia, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos, en los medios de comunicación y en las comunidades cristianas. Entonces, muchas palabras de odio darán paso a palabras de esperanza y paz”.
¡Concretísimo! Esta invitación tan aterrizada del Papa León se completa también, con el ayuno de algunas actitudes como nos exhorta Santa Clara de Asís: “Evitad toda soberbia, vanagloria, envidia, avaricia…, difamación y murmuración, discordia y división” (RCl 10, 6).
Pidamos, pues, al Espíritu Santo que nos ilumine para saber, en todo momento, lo que debemos hacer y lo que debemos EVITAR. ¡Ayuno y abstinencia! Todo ofrecido por amor a Dios. Estos “ayunos” nos introducirán en el auténtico banquete del amor. Francisco, alma penitente, enséñanos a ayunar de todo aquello que nos aparta del amor a Dios y a los hermanos.
Después de adentrarnos en las palabras proféticas de Joel, centinela espiritual de su pueblo, iluminadas por el testimonio de San Francisco, podemos concluir que la necesidad de “cambio” interior es un imperativo actual para nosotros: “RASGAD VUESTROS CORAZONES, no las vestiduras” (Joel 2, 13). Es decir, no nos quedemos en lo externo sino en aquello que mueve el corazón desde dentro. En sentido figurado, rompamos nuestro corazón, pongamos los pedacitos en las palmas de nuestras manos y, con humildad y confianza, ofrezcámoslos a Dios para que Él nos ayude a reconstruirlo según su voluntad, porque es un Padre tierno, todo bondad, compasivo y MISERICORDIOSO (cf. Joel 2, 13). Una experiencia espiritual que conforma un modo de vivir alegre, sencillo, libre, caritativo y muy feliz porque el Señor habita en el centro del corazón. Y tengamos la seguridad de que “Dios enviará su BENDICIÓN” (cf. Joel 2, 14). Esta es nuestra esperanza y nuestra paz.
Que María, maestra de la escucha, vele por nosotros para que nos dejemos sorprender por el Espíritu durante estos 40 días de itinerario cuaresmal y, bajo su impulso, podamos rasgar nuestros corazones, desaprender y aprender de nuevo, al estilo de Francisco de Asís.
Deseo que podamos recorrer este itinerario espiritual hacia la Pascua desde la escucha de la Palabra, a fin de crecer en la conversión como verdaderos hermanos y hermanas menores.
Unidos por la oración,
Mª Carme Brunsó Fageda.
Superiora General.
Barcelona, 18 de febrero de 2026


