11 Dic Mensaje a la Fraternidad Seglar con motivo del Adviento 2025
PAZ Y BIEN.
Al iniciar este tiempo de Adviento, nos encontramos al final de un año de celebraciones durante el cual hemos agradecido de corazón la LUZ que irradian para todos nosotros las vidas del Padre José Tous y de la Madre Remedio Palos, pues desde hace 175 años han ido iluminando el camino del Instituto. Una luz que es fruto de su profunda fe y que, al mismo tiempo, les impulsó a vivir con esperanza y a dejarse MOVER POR EL AMOR. Ellos “caminaron a la luz del Señor” (cf. Is 2, 5) y Él mismo nos los ha regalado como modelos para que nuestros senderos se iluminen con su ejemplo de seguimiento de Jesús.
Así es como nos hacemos “peregrinos de esperanza”, tal como nos animó el Papa Francisco al convocar el Año Jubilar. Una esperanza que en el Adviento se hace más viva, a medida que se acerca el nacimiento de Jesús. Una esperanza que alumbra nuestras sendas, que la podemos descubrir en nuestros entornos. Es una luz que se refleja también entre los miembros de la Fraternidad Seglar, en nuestras familias o ambientes de trabajo. Dejémonos interpelar en unos momentos de silencio. Estoy segura de que descubriremos la LUZ de la esperanza. Agradezcamos:
A.- La LUZ de los hermanos de la fraternidad que:
Velan para ser fieles al Evangelio y nos transmiten serenidad y paz, pues, aunque pasen desapercibidos, “por sus frutos los conocemos” (cf. Mt 7, 20).
Asumen los retos de sus compromisos cristianos con actitud de fe y obediencia a Dios, aunque tengan que “nadar contracorriente”.
Promueven la unión y la armonía entre los miembros de la Fraternidad.
B.- La LUZ de los hermanos enfermos y de los que pasan por momentos difíciles porque:
Viven el abandono en las manos de Dios con fe y confianza.
Se hacen solidarios con el sufrimiento de tantas otras personas y ofrecen sus padecimientos a Dios por todas ellas.
Unidos a la cruz de Cristo, son testigos creíbles del Evangelio en la comunidad eclesial.
C.- La LUZ de las nuevas comunidades de la Fraternidad Seglar porque:
Conlleva apertura para acoger a cada uno de sus miembros como don de Dios.
Se expande el carisma que nos ha sido legado como un camino específico de vivir el Evangelio.
Sin embargo, las sombras están presentes en nuestros caminos; por eso, el profeta nos llama a acercarnos a Dios: “Venid” (Is 2, 5). Es preciso, pues, estar en movimiento, en actitud de búsqueda de su rostro, en actitud de conversión para poder descubrirlo en nuestras búsquedas, porque “Él nos enseñará sus caminos y podremos andar por sus senderos” (cf. Is 2, 3).
Unas sendas que Él mismo nos muestra: “De sus espadas forjarán arados y de sus lanzas, podaderas. Ninguna nación empuñará la espada contra otra, ni se adiestrarán para la guerra” (Is 2, 4).
¡Ni espadas ni lanzas, basta de guerras! Este es el mensaje de paz, de armonía, de unidad y de amor que nos da el mismo Dios. ¿No es este el mensaje del P. Tous a las hermanas en los inicios del Instituto? Necesitamos CONVERTIRNOS para que nuestras vidas sean más luminosas. Y la clave está en permanecer unidos “al Rey pacífico” (J. T. Circular 1864), pues viviendo en su presencia seremos capaces de:
Poner los medios para SILENCIAR EL CORAZÓN de tantos “ruidos” del mundo que nos invaden, a fin de poder escuchar mejor la voz de Dios.
ORAR Y VELAR en todo momento, confiados en la misericordia del Padre.
Ser más veraces en el AMOR FRATERNO.
Animarnos en la vivencia de la MINORIDAD.
Todo ello será una experiencia vivificante que nos hará repetir las palabras del salmista: “En ti está la fuente viva y tu luz, Señor, nos hace ver la luz” (Sal 35, 10). Una luz que se reflejará en un celo pastoral más vivo tanto en las parroquias donde ustedes están sirviendo al Señor como en la misión compartida con las hermanas de las distintas comunidades donde se hallan insertos. Hermanas y hermanos, así es como se enriquece el carisma tousiano que hemos recibido como don del Espíritu Santo.
Después de meditar las reflexiones anteriores, bien podemos concluir haciendo nuestra la exhortación de Pablo: “La noche está avanzada y el día se acerca. Dejemos, pues, las obras de las tinieblas y revistámonos de las armas de la luz. Como a plena luz del día, comportémonos dignamente (…). Revestíos de Jesucristo, el Señor” (Rm 13, 12-14).
Sí, hermanos, ¡revistámonos de Jesús! Dispongámonos, pues, a vivir este Adviento “forjando arados de las espadas y podaderas de las lanzas” (cf. Is 2, 4), para que, pacificados y pacificadores, hagamos posible que el Espíritu nos revista de Jesús, nacido en Belén, y así seamos cristianos luminosos por nuestra humildad, servicio generoso, obediencia a Dios, misericordia, acogida, acompañamiento y amor hasta el extremo.
Si vivimos de este modo, como el Padre Tous y la Madre Remedio, el mismo Jesús renacerá en nuestro corazón y en el seno de nuestras comunidades y se convertirán en pesebres donde el calor de la caridad, la firmeza de la fe y la certeza de la esperanza iluminarán las tinieblas de nuestras noches.
María, Madre de la esperanza, enséñanos a “caminar a la luz del Señor” como peregrinos de esperanza, viviendo con alegría, gratitud y fidelidad la llamada a ser Seglares Capuchinos de la Madre del Divino Pastor. Así, llenos de su Amor, podremos ser hermanas y hermanos ¡MOVIDOS POR EL AMOR!
Unidos en la esperanza del nacimiento de Jesús, que ilumina nuestro peregrinar, les deseo un camino de Adviento lleno de frutos de conversión que hagan crecer el legado carismático que hemos recibido a lo largo de la historia del Instituto.
Con afecto fraterno, les abraza su hermana,
Mª Carme Brunsó Fageda.
Superiora General.
Barcelona, 1 de diciembre de 2025