Mensaje con motivo de la fiesta de San Francisco de Asís 2025.

“Alabad y bendecid a mi Señor y dadle gracias y servidle con gran humildad”.
(Cántico de las criaturas – San Francisco de Asís)   //  VIIIº Centenario de la composición del Cántico de las criaturas.

PAZ Y BIEN.
“¡Alabado seas, mi Señor!” Con un corazón rebosante de agradecimiento, una y otra vez hemos elevado los ojos al cielo o extendido nuestros brazos entonando este canto.

Las palabras de alabanza de San Francisco al “Altísimo y omnipotente buen Señor” (Cánt. 1) nos han cautivado para expresar la belleza que descubrimos en la creación. Sin embargo, es necesario asociar a la alabanza la HUMILDAD, pues en ella radica la verdadera experiencia espiritual del Pobrecillo de Asís, y ella abre las puertas del corazón a la RECONCILIACIÓN y a la FRATERNIDAD.
Ello se refleja en la expresión HERMANO y HERMANA en cada uno de los elementos del Cántico: una fraternidad universal, abierta a toda criatura salida del Creador. Y una fraternidad que proviene de la reconciliación con todas ellas. Cuando nos dejamos tocar
por el amor de Dios, nuestro espíritu crece en HUMILDAD y, entonces, anida en nosotros el perdón, como camino de encuentro con cada hermano o hermana, desde la acogida de la fragilidad humana que tanto nos une, desde la condición de criatura abrazada por la misericordia de Dios. Un Padre que nos atrae y nos llama a vivir en Él para siempre, pasando por la puerta de la muerte corporal. ¡Qué horizonte de luz infinita! ¡Qué horizonte de luz para el día a día de la vida presente! Y, ¿de dónde brota esta triple unidad que se expresa maravillosamente en el poema del Cántico de las criaturas?

La respuesta es clara: brota de la intimidad de Francisco con el Padre, en cuyas manos se abandonó totalmente desde el momento de su conversión y, al mismo tiempo, brota del seguimiento de Cristo crucificado con quien anheló configurarse. Un itinerario espiritual
de casi veinte años que culmina con este estallido de alabanza al Dios Altísimo. Años de contemplación y de predicación de la pasión de Jesús que tienen su punto álgido en la estigmatización en el monte Alvernia: manos, pies y costado con heridas
sangrantes se convierten en un espejo de dolor y de amor a Jesús.

En estas circunstancias, perdiendo sangre por todas sus llagas, agotado por ayunos y enfermedades, ciego y casi agonizante, en el ocaso de su vida, se convierte en un verdadero icono de Cristo y de los valores evangélicos de pura simplicidad y pobreza.
Y es en estas circunstancias cuando brota de su espíritu la GRAN ALABANZA DE ABRAZO UNIVERSAL, pues es capaz de ver con más claridad que nunca y, así, percibir la unidad y la comunión de la creación expresadas en las criaturas, en el perdón, en la paz y en la
obediencia al Creador. Al Pobrecillo, que carecía de la luz de los ojos humanos, le iluminaba el resplandor del Reino eterno: este fue el gozo de su alma. ¡Solamente este gozo sobrenatural podía enardecer el espíritu de Francisco de tal manera! Era la culminación de una vida entregada al Amado, pobre y crucificado, de una vida ascética y de sufrimiento, de una vida que suspiraba por el Reino eterno.
Una vida que nos ha dejado huellas firmes para seguir a Cristo como hermanos y hermanas menores.

¡Sin palabras! Todos somos invitados a permanecer en el silencio contemplativo.
Cierre los ojos y deje que la mirada interior le alumbre. Dedique tiempo a este silencio profundo. Después, abra los párpados y mire, observe el cielo y la tierra, el entorno y los rostros de los hermanos y de las hermanas… ¡Alabe a Dios!
A la vez, les invito a releer los versos del Cántico de las criaturas dejando que les interpelen:

– El hermano sol, la hermana luna y las estrellas, el hermano viento y el aire, la hermana agua, el hermano fuego, nuestra hermana la madre tierra. Me pregunto: ¿Con qué actitudes expreso mi amor por la creación?

– Aquellos que perdonan por tu amor, y sufren enfermedad y tribulación; bienaventurados los que las sufren en paz. Miro mi interior: ¿me siento identificado/a como hermano/a de corazón misericordioso para perdonar? ¿Cómo acojo mi propio sufrimiento y la tribulación?

– Nuestra hermana la muerte corporal, de la cual ningún hombre viviente puede escapar. Bienaventurados a los que encontrará en tu santísima voluntad. ¿Vivo con fidelidad, alegría y agradecimiento la llamada de Dios a ser Seglar Capuchino/a de la Madre del Divino Pastor? Este es para ustedes el camino específico hacia el cielo.

En definitiva, si Francisco compuso el Cántico…
– como culminación de su experiencia espiritual,
– cuando se quedó ciego y en medio de sufrimientos, tribulaciones y enfermedades enardecido por un gozo profundo; también a usted, hermano/a, haciendo memoria de su camino espiritual, desde su primer SÍ a Dios hasta hoy, y abrazando sus propias circunstancias, le INVITO A EXPRESARSE CON UN CÁNTICO COMPUESTO POR USTED MISMO, con sus palabras y sentimientos. Déjese ayudar por los “gemidos inefables” (Rom 8, 26) del Espíritu y…¡CANTE SUS PROPIAS ALABANZAS AL ALTÍSIMO Y OMNIPOTENTE BUEN SEÑOR! “¡Salve, Señora, santa Reina, santa Madre de Dios, María, virgen convertida en templo!” (SalVM 1). A tu corazón de Madre encomendamos nuestras existencias para que se conviertan en un canto de alabanza a la misericordia de Dios a semejanza de San
Francisco y, como él, podamos vivir unidos a Cristo sufriente desde un corazón HUMILDE, RECONCILIADO y FRATERNO; y en comunión con todas las criaturas, nos convirtamos en testigos del amor del Creador que “con cuerdas de amor nos atrae, con lazos de afecto” (Os 11, 4). ¡ALABADO SEAS, MI SEÑOR!

Unidos en un mismo canto de alabanza al Altísimo y omnipotente buen Señor, les deseo una gozosa fiesta de San Francisco.

Su hermana, Mª Carme Brunsó Fageda.

Superiora General. Barcelona, 29 de septiembre de 2025.

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Cántico de las criaturas.

Altísimo y omnipotente buen Señor,
tuyas son las alabanzas,
la gloria y el honor y toda bendición.

A ti solo, Altísimo, te convienen
y ningún hombre es digno de nombrarte.

Alabado seas, mi Señor,
en todas tus criaturas,
especialmente en el Señor hermano sol,
por quien nos das el día y nos iluminas.
Y es bello y radiante con gran esplendor,
de ti, Altísimo, lleva significación.

Alabado seas, mi Señor,
por la hermana luna y las estrellas,
en el cielo las formaste claras y preciosas y bellas.

Alabado seas, mi Señor, por el hermano viento
y por el aire y la nube y el cielo sereno y todo tiempo,
por todos ellos a tus criaturas das sustento.

Alabado seas, mi Señor, por el hermano fuego,
por el cual iluminas la noche,
y es bello y alegre y vigoroso y fuerte.

Alabado seas, mi Señor,
por nuestra hermana la madre tierra,
la cual nos sostiene y gobierna
y produce diversos frutos con coloridas flores y hierbas.

Alabado seas, mi Señor,
por aquellos que perdonan por tu amor,
y sufren enfermedad y tribulación;
bienaventurados los que las sufren en paz,
porque de ti, Altísimo, coronados serán.

Alabado seas, mi Señor,
por nuestra hermana la muerte corporal,
de la cual ningún hombre viviente puede escapar.
Ay de aquellos que mueran
en pecado mortal.
Bienaventurados a los que encontrará
en tu santísima voluntad
porque la muerte segunda no les hará mal.

Alabad y bendecid a mi Señor
y dadle gracias y servidle con gran humildad.