09 set. PEREGRINACIÓN A ASÍS 2025
Con motivo de la celebración de los 175 años de la fundación del Instituto y del Bicentenario del nacimiento de la Madre Remedio, consideramos oportuno para profundizar en el carisma recibido, ofrecer la oportunidad de peregrinar a las fuentes de la espiritualidad franciscano-clariana. Fue una invitación abierta a la Familia Tousiana con el acompañamiento espiritual del P. Josep Mª Segarra, ofmcap. Por ser Año Jubilar, creímos conveniente que también visitaran el Vaticano y Roma. El grupo de peregrinos estuvo compuesto por 10 hermanas y 12 laicos y tuvo lugar del 5 al 12 de agosto.
ESTANCIA EN ROMA
Llegó el día 5 de agosto. El grupo de peregrinos que ilusionadamente nos dispusimos a viajar a Asís para “escuchar” a Francisco y a Clara tras sus huellas, madrugamos para ir al aeropuerto y volar rumbo a Roma.
Al llegar al Vaticano, dimos un paseo por los jardines. En la gruta de la Virgen de Lourdes que se encuentra en dichos jardines, el P. Josep Mª Segarra, ofmcap, hizo una oración y nos entregó a cada peregrino el certificado de peregrino en el Año Jubilar. Después de comer, hacia las 15 h, nos encontramos con los guías locales y nos dirigimos a los Museos Vaticanos, la Capilla Sixtina y la Basílica de San Pedro. Todos estábamos atentos y admirados ante la belleza que contemplamos en el arte: historia, cultura, teología y pasajes bíblicos. A las 19 h. tuvimos la Eucaristía en la Capilla de la Casa Bonus Pastor, donde nos alojamos.
El 6 de agosto, madrugamos para asistir a la Audiencia Papal que tuvo lugar en la Plaza San Pedro. Pudimos estar muy cerca del santo Padre. Una experiencia eclesial que agradecemos profundamente.
Después de la audiencia iniciamos la visita guiada por la Roma cristiana: Basílicas de San Pablo Extramuros, Santa María Maggiore, San Juan de Letrán y, además, visitamos la Scala Santa. Los peregrinos recorrimos estos lugares con fervor y recogimiento, y tuvimos tiempo para orar. Para aquellos que fuimos por vez primera, no salíamos de nuestro asombro por el hecho de estar en estos santos lugares y sabernos en el corazón de nuestra fe. Finalizamos la mañana compartiendo la comida fraterna. A las 17 h tuvimos la santa Misa en San Juan de Letrán, en la Capilla del Coro. En este templo recordamos a san Francisco, pues es el lugar donde el Papa Inocencio III aprobó la Regla de los Hermanos Menores.
VISITA A ASÍS Y SUS ALREDEDORES.
Nos embargó una gran emoción cuando desde la lejanía, desde el autocar, veíamos la ciudad de Asís. El P. Segarra, nuestro acompañante espiritual y conocedor de dichos lugares “como la palma de su mano”, nos iba indicando cada detalle, pueblo y rincón de Asís, los hechos relevantes y anécdotas de la vida de nuestro Padre san Francisco.
A continuación, os explicamos los lugares que visitamos y algunos detalles de cada uno de ellos:
- Fonte Colombo. Es el lugar donde:
- Francisco escribió la Regla, obligado por algunos de sus hermanos.
- Se encuentra la primera TAU dibujada por san Francisco.
En el recorrido hacia Asís, nuestra primera parada fue en Fonte Colombo en el valle de Rieti. En tiempos de Francisco, él y los hermanos durante el invierno se mantenían en este lugar en oración, porque no podían ir a predicar debido a la nieve. Es aquí donde él escribe su regla en actitud obediente a los hermanos que se lo pedían con insistencia.
Por otra parte, en el Concilio Lateranense IV el Papa presentó la TAU (cruz) como signo de retorno y fidelidad al Evangelio y Francisco la tomó como emblema propio representando su amor a Cristo Crucificado. Nos impresionó ver la TAU dibujada por el propio Francisco. La Regla y la Tau son el camino de la vida franciscana: vivir el santo Evangelio tomando la cruz para el camino.
- Lugar donde san Francisco representó por vez primera el nacimiento de Jesús.
El lugar es muy austero, no había nada que nos distrajera de la contemplación de Jesús Niño que nació pobre, pues Greccio es un segundo Belén. Allí tuvimos la Eucaristía, recordando aquella en que Francisco convocó a la gente del pueblo necesitada de paz para celebrar la Navidad a media noche, cuando el monte estaba nevado. Ternura, pobreza, paz… agradecimiento por el Hijo que nos ha sido dado.
- Ermita San Giacomo. Una de las 5 iglesias que Francisco reconstruyó con sus propias manos.
Escondida en medio de la ciudad de Asís, se encuentra esta ermita donde celebramos la santa Misa. Es un espacio sagrado de pobreza absoluta. Experimentamos de forma intensa la fraternidad y la desnudez.
- El Sacro Convento o Sagrado Convento de san Francisco: se halla el sepulcro de san Francisco y de los cuatro compañeros, además del de Fray Jacoba de Setesoli.
Con expectación llegamos al lugar central de la peregrinación: el sepulcro de San Francisco. En la capilla de las reliquias se encuentra la bendición que san Francisco escribió para el hermano León. Este la llevó en su hábito durante 40 años hasta su muerte. Entre las reliquias se encuentran el hábito de san Francisco e instrumentos de mortificación.
El silencio de los peregrinos fue impresionante. Con sobrecogimiento nos acercamos a la tumba de nuestro Padre San Francisco, ahí nos quedamos en torno a la cripta un rato en silencio, orando… La presencia del pobrecillo de Asís nos envolvió.
- Basílica de Santa Clara. Contiene el sepulcro de santa Clara y el Crucifijo de san Damián.
El Crucifijo original de San Damián nos recibió con los brazos abiertos acogiendo a todos los peregrinos con la mirada fija en cada uno. Aquí caíamos de rodillas ante Él, abriendo nuestro corazón. El tiempo que pudimos estar ante el sepulcro de santa Clara fue para todos de recogimiento y oración. Pedimos su intercesión, rezamos por todas las necesidades del Instituto…
- Monasterio de San Damián: vivienda de santa Clara y las Damas Pobres.
Es un lugar impresionante porque se conserva como estaba en tiempo de Clara. Primero hicimos un recorrido por todos los espacios del monasterio: refectorio, enfermería, el coro, la capilla, el jardín central y el pozo… Todo nos hablaba de pobreza y austeridad, de compañía fraterna…
Experimentamos un estremecimiento al llegar a la cuna donde nacieron las clarisas y donde se redactó la Regla de santa Clara. Aquí rezamos las Vísperas con la comunidad de franciscanos y participamos en la Novena de preparación a la fiesta de santa Clara.
La liturgia, el canto, pisar la misma tierra que Clara, “sentir la simplicidad… fue una invitación a la alabanza y a la gratitud por la vocación y el legado de la “Hermana Clara”.
- Eremo delle Carceri: eremitorio donde Francisco solía ir a orar con sus hermanos.
A las afueras de Asís se encuentra el eremitorio donde san Francisco iba a orar. Pudimos visitar las cuevas de los compañeros de san Francisco, aunque algunas son de difícil acceso. Allí nos encontramos con el despojo total. Sentimos la llamada a vivir con responsabilidad la triple fraternidad: con Dios, con los hermanos y con la naturaleza. Hicimos un rato de oración espontánea dentro de una de las grutas. Fue un momento lleno de paz y unción, con el corazón abierto compartiendo experiencias de fe.
- Basílica Santa María de los Ángeles y la Porciúncula. Lugar preferido por san Francisco.
En esta zona que antes era boscosa, san Francisco quiso que se celebraran los Capítulos Generales. Es el lugar donde santa Clara se consagró al Señor y san Francisco falleció. La Porciúncula se encuentra dentro de la gran Basílica de Santa María de los Ángeles como bella reliquia. Francisco amaba tanto esta pequeña capillita que dejó dicho a los frailes que nunca abandonasen este lugar. Además, era tanto su interés por la salvación de los hombres que obtuvo del Papa Honorio III que en este lugar se ganara la indulgencia plenaria una vez al año, cada 2 de agosto.
Aquí nos esperaba el abrazo materno, pues llegamos a la casa de la Madre. Celebramos la Misa en una capilla lateral y renovamos los votos, recordando la entrega de santa Clara. Un momento emotivo para todos. La palabra clave en este lugar fue entrega: santa Clara en su consagración y san Francisco acogiendo la “Hermana Muerte”.
- Lugar de inicio de los hermanos, cuando se decían “penitentes”.
Al llegar nos encontramos con dos pequeñas cabañas unidas por un espacio cubierto donde hay una sencilla cruz. En ellas dormían los hermanos uno al lado del otro en el suelo. Ahí empezó todo y los hermanos eran llamados “penitentes”. Posteriormente, se dirigieron a Roma para pedir la aprobación del Papa. Al regresar ya eran frailes y fueron a vivir a Santa María de los Ángeles. Estas cabañas nos recordaban que es posible vivir la pobreza cuando Dios está en el centro del corazón y nos amamos en Cristo.
Lugar donde Francisco vendió las telas del almacén de su padre. Con la venta de las telas, Francisco pudo reconstruir la ermita de San Damián. Ahí han vivido muchos seglares franciscanos en comunidad. Se encuentra el cuerpo de santa Ángela de Foligno, una mujer laica franciscana que compartió su vida con otros laicos y se dedicó mucho al estudio de la Sagrada Escritura y también ayudaba a los pobres. Visitamos la gran Basílica de Foligno y recordamos de manera particular a la fraternidad seglar que también forma parte de nuestra familia.
En la catedral de Espoleto se conserva uno de los escritos de san Francisco.
Nos encontramos con una sorpresa: el texto original de las “Alabanzas al Dios Altísimo”. Allí, rezamos juntos y a una sola voz: Tú eres el Bien, todo Bien, Sumo Bien…
- Monte Alvernia. Lugar donde Francisco recibió los estigmas. Este hecho significa la total configuración de Francisco con Cristo. Es impresionante, es como si aquí nos hubiesen dicho: quítate las sandalias, porque pisas tierra sagrada. La experiencia en este lugar es el “abrazo a la cruz”. Bajamos a la capilla de las llagas y ahí era solo silencio y asombro por tanto amor recibido de Cristo. Ahí vimos el lugar exacto de la estigmatización, porque está señalado para venerarlo con fervor. Tuvimos la Eucaristía en una capilla lateral.
Por la tarde, participamos en la procesión, rezamos la Hora Nona con el pueblo y, luego, el guardián y sus hermanos iban rezando las letanías de san Francisco hasta llegar a la Capilla de la estigmatización, y se culminó en una de las cuevas donde Francisco entraba a orar. Fue el culmen de la peregrinación: el amor redentor de Cristo penetró nuestro corazón invitándonos a una transformación interior, al estilo de Francisco.
SENTIR DE ALGUNOS PEREGRINOS.
Después de haber resumido nuestra peregrinación, a continuación transcribimos el sentir de algunos peregrinos que han querido expresar su experiencia:
“Ha sido un gozo poder llevar a cabo esta peregrinación, por diferentes motivos: la fraternidad que ha surgido entre todos y cada uno de los integrantes; por Fra Josep Maria: sus explicaciones tan emotivas y las homilías han enriquecido mucho. Me ha parecido muy interesante escuchar a las hermanas explicar y compartir su vivencia religiosa. Gracias a las Hermanas Capuchinas de la Madre del Divino Pastor por dejarnos formar parte de este viaje”. (Esther Vilar)
“¡Loado seas mi Señor! Es la frase clave que resuena en mi corazón al expresar mi agradecimiento a Dios y a las hermanas, por darme este precioso regalo de peregrinar a Asís, la tierra de origen de nuestro Carisma Franciscano. ¡Loado seas mi Señor, por la oportunidad que me has concedido de contemplar y experimentar personalmente nuestros orígenes franciscanos, donde se respira un ambiente de contemplación profunda y silencio, acompañado de mucha oración, paz, serenidad y
alegría: tierra santa, tierra bendita que pisó con sus pies nuestro Padre San Francisco! “. (Hna. Alba Luz Guido).
“Haber estado presente en la audiencia del Papa en la Plaza San Pedro, visitar las Basílicas de Roma y las tumbas de los Papas fue una bendición que guardaré siempre en mi corazón, fueron experiencias que me ayudaron a contemplar, a orar, a profundizar en mi fe y sentir la presencia del Señor.
Luego, caminar por los lugares que guardan las huellas de san Francisco y de santa Clara me permitió reencontrarme con las raíces franciscanas y con las de mi propia vocación. Ha sido un tiempo de gracia en el que mi corazón se ha llenado de paz, de una alegría serena y de un profundo agradecimiento. En cada rincón experimenté la sencillez, la fraternidad y la cercanía de Dios que marcaron la vida de Francisco. Esta experiencia me ayuda a vivir con mayor autenticidad mi vocación, recordándome que lo esencial se encuentra en la humildad, en el servicio y en el amor. Asís no ha sido solamente un lugar de visita, sino un verdadero encuentro con el espíritu franciscano que sigue vivo y que continúa iluminando nuestro camino.
Lo vivido junto al grupo de peregrinos fue un verdadero testimonio de unidad y fraternidad. En cada gesto, en cada oración compartida, descubrí el rostro de Dios reflejado en la sencillez: ¡Gracias, Señor!“. (Hna. Claudia Lázaro).
“Con el viaje a Roma, a Asís y a sus alrededores hemos recorrido diferentes lugares, todos significativos en la vida de san Francisco y de santa Clara. Además, un número de hermanas Capuchinas de la Madre del Divino Pastor de estilo alegre, sencillo y jovial que también han peregrinado, nos han acompañado. Fray Josep Mª Segarra, con lo que sabe de san Francisco, nos ha aproximado a las fuentes de origen del carisma franciscano y al redescubrimiento del Evangelio. PAZ Y BIEN”. (Joan Esplugas)
“Estoy muy agradecida con la Congregación por haber preparado y organizado esta peregrinación, porque ha sido una oportunidad de encuentro, contemplación, silencio, oración y compartir fraterno.
Estando en Roma me sentí más unida a la Iglesia universal. Al contemplar sus Basílicas y lugares santos, en el silencio de mi corazón y absorbida de tanta belleza y admiración, mi actitud fue dar gracias a Dios por el don tan grande de la FE recibida por medio de mis abuelos y mis padres, semilla que ha dado fruto a través de mi vocación. Esto me invitaba a reforzar mi fe y poder ser una piedra viva dentro de la Iglesia.
En Asís, al recorrer las calles y contemplar cada rincón se podía respirar un aire franciscano, en cada lugar visitado sentía la presencia viva de Francisco y Clara: en las montañas verdes, en las piedras antiguas, las cuevas, los eremitorios… en el silencio de mi corazón contemplaba y me imaginaba a un Francisco libre y amado por Dios.
Esta peregrinación ha sido para mí un beber agua fresca de las fuentes de nuestra espiritualidad franciscano-clariana, una renovación de mi vocación y, a la vez, una invitación a vivir en el amor de Dios como lo hizo san Francisco”. (Hna. Deysi Gómez)
“Las lágrimas me saltaron fácilmente cuando vi la tumba de nuestro Padre San Francisco y lo mismo me ocurría en la Basílica de Santa Clara y en San Damián. ¿Cómo no emocionarse y agradecer? Sí, agradecer que su carisma aún sigue resonando, que nos sigue acercando a Cristo con esa forma particular de abrazarlo en la pobreza y la humildad, en la cruz, en los hermanos. ¿Cómo no poner ahí a nuestro Instituto, cada obra apostólica, las oraciones encomendadas, el propio anhelo de seguir a Cristo con el amor que Francisco y Clara lo hicieron? Estar ahí era la prueba de que personas tan humanas como yo, habían logrado seguir a Cristo de una manera especial, hasta la santidad, y eso es posible si se le pide a Dios. Para Él no hay nada imposible.
También visitamos la Basílica de santa Clara. El crucifijo de san Damián, el original, me impactó muchísimo. Me embargó un sentimiento de ternura, agradecimiento, amor… Una “macedonia” de sentimientos. Él era el causante de que estas vidas, la de Francisco y Clara, fueran tan extraordinarias, Él es el centro de este viaje… nos esperaba con esos brazos abiertos y sus grandes ojos que miran, recibiendo las oraciones de todos y desplegando sobre cada peregrino las gracias que el cielo tiene dispuestas y que, a veces, ignoramos. Percibía en mi interior la necesidad de orar por el mundo ¿Cuánto has intercedido por el mundo? Lo que menos debía pedir ahí, era por mí y por mis necesidades. Jesús pide, de nuevo, repara su Iglesia.
Al bajar a la tumba y estar delante del cuerpo de Clara, nuevamente la emoción y el agradecimiento me embargaron. Clara duerme, custodiando a sus hijas todavía y en oración, resuenan sus palabras de mujer valiente, fuerte, ejemplar en su época, exhortándonos a “custodiar aquello que el Señor ha puesto en tu corazón, la vocación, el amor a Él”. (Hna. Susana Oconitrillo).
“El día 11 de agosto fuimos a La Verna. Me impactó mucho el lugar. Primero visitamos la gruta, ahora transformada en capilla, donde san Francisco recibió los estigmas, la cueva en la cual dormía y, finalmente, descendimos por unas escaleras al espacio donde rezaba. Este último lugar es espectacular, tiene algo especial difícilmente explicable con palabras. Está rodeado de altísimas paredes de roca llenas de musgo. Apenas llega el sol. Hay una cruz de madera, muy humilde, apoyada en la pared. Durante el tiempo libre que tuvimos, volvimos a bajar con mi marido, a este último lugar. Había un gran silencio, una gran paz. Permanecimos allí amplio tiempo en oración. Una vivencia inexplicable.
Durante estos días de la peregrinación, fueron muchas las gracias que recibimos. Escribirlas harían muy largo el escrito. El camino continúa. Solamente le pedimos a Dios que nos coja de la mano, nos ayude en el sendero que se abre y que nos ha de llevar a la vida eterna. AMÉN”. (Pilar Herrera Latorre, Premià de Mar).
“Ha sido una peregrinación realizada con gran devoción. En los viajes más largos para trasladarnos hacia alguno de los sitios rezábamos Laudes o Vísperas, el santo
Rosario y hasta momentos de cantos. Esto nos unió muchísimo como grupo. Las Misas eran vividas con gran recogimiento. En general, todas las Eucaristías tenían un matiz especial, según el lugar que visitábamos y cada uno de los peregrinos hizo suya cada celebración participando activamente.
Estábamos tan contentos que se notaba la fraternidad. Era emocionante contemplar que durante los tiempos de bendición de la mesa, otros peregrinos que estaban en los diversos lugares donde comíamos, guardaban silencio y se unían a nuestras bendiciones o acciones de gracias. También las salidas por las noches para caminar por las calles de Asís, nos unieron.
El hecho de que las hermanas pudimos renovar los votos dos veces, en Santa María de los Ángeles y, luego, el día de santa Clara, les alegró al resto de peregrinos, los cuales agradecieron junto con nosotras el don de la vocación.
¡Gracias, Señor, por el carisma franciscano y por habernos llamado a vivirlo!”
(Hna. Margarita Bravo)




