07 ag. Mensaje con motivo de la fiesta de Santa Clara de Asís 2025.
“Esperanza, ¿por dónde andas?”
(Lema de la XXXI Asamblea General de la CONFER)
Reflexiones sobre la esperanza a la luz de Clara de Asís.
PAZ Y BIEN.
“Esperanza, ¿por dónde andas?” Este fue el lema de la XXXI Asamblea General de CONFER celebrada en Madrid a finales del mes de mayo. Pregunta sugerente para estos tiempos en los cuales, a veces, “andamos cabizbajos” (cf. Lc 24, 17) como los de Emaús. Asimismo, el Papa Francisco nos retó con el lema del Año Jubilar: “Peregrinos de la esperanza”, a fin de centrarnos en la actitud del caminante en búsqueda de Dios, pues amándole a Él, podremos ser personas de fe en las que se notará que ¡EL AMOR NOS MUEVE! Estamos viviendo momentos complejos, pero también estamos en un año de celebraciones, de ánimo y de gratitud por tanto bien recibido y por tanto que nos ha sido regalado a lo largo de la historia de la Iglesia y de nuestro Instituto. De un modo especial para ustedes, como Fraternidad de Seglares Capuchinos de la Madre del Divino Pastor, agradecemos a Dios el 25º Aniversario de su nacimiento en Villeta (Colombia). En este contexto, este mensaje pretende suscitar una interpelación a la luz del espejo de Santa Clara: diáfano, alentador y comprometido con el Amor para dar amor, del encuentro con Él al encuentro con los hermanos.
Quisiera iniciar interrogando a cada uno de ustedes: ¿Cuáles son las principales dificultades que enfrentan y que les causan zozobra (a nivel personal, familiar, laboral, social, eclesial…)?
Seguramente tendrán una listita de obstáculos, tropiezos… que, tal vez, les hagan sentir desalentados, como a los discípulos de Emaús. Cada quien en su estado de vida y en sus compromisos familiares, laborales cristianos… podemos experimentar la tribulación. Ahí es donde es bueno recordar las palabras de Pablo en 2Co 4, 8-10 y, junto a su ánimo, la LUZ EN LAS SOMBRAS procedente de nuestra hermana mayor, santa Clara, cuando en el Testamento hace memoria de cómo percibía san Francisco a la incipiente comunidad de San Damián:
“Considerando que si bien éramos frágiles y débiles según el cuerpo, no rehusábamos ninguna necesidad, pobreza, trabajo, tribulación o menosprecio y desprecio del siglo, antes al contrario, los teníamos por grandes delicias” (TestCl 27-28).
Unas delicias que, también hoy, deberían llenar nuestro corazón si está enamorado del Señor crucificado. Él es nuestra ESPERANZA. Luz y Cruz, una misma esperanza: “Si sufres con Él, reinarás con Él; si lloras con Él, gozarás con Él; si mueres con Él en la cruz de la tribulación, poseerás con Él las mansiones celestes” (CtaCl 2, 21). Convenzámonos de que el desprendimiento libera el espíritu oprimido para poder ser caudal y nuevos odres.
Unos hilos de esperanza que se entretejen en el camino diario, cuando recorremos la senda de la vida agarrados de Alguien que, al mismo tiempo, nos atrae y nos envía. Veamos cómo lo expresa la Hna. Mariola López, rsc, en la intervención que tuvo en la Asamblea General de la Unión Internacional de Superioras Generales a inicios de mayo en Roma:
“¿Cómo continuar hablando de esperanza en un mundo que parece volverse cada vez más inhóspito? (…) Atravesamos un siglo profundamente herido por las guerras, las polaridades y, a la vez, paradójicamente bendecido y lleno de potencialidades porque es el tiempo en el que Dios está viniendo.
(…) Me emocionó descubrir que en hebreo las dos palabras para indicar esperanza (miqwah y tipwah) provienen de cuerda (qaw) que como verbo también tiene el sentido de esperar. La esperanza es una cuerda que Alguien nos tiende y a la que nos agarramos. (…) Cuando no podemos, no sabemos, andamos perdidas, desalentadas… Él es el que puede, el que sabe, el que nos busca, el que nos tiende una cuerda: “Con cuerdas de amor las atraía, con lazos de cariño” (Os 11, 4)”.
Y nos seguimos preguntando: “Esperanza, ¿por dónde andas?”. Dejémonos iluminar por la LUZ de la Hermana Clara de Asís.
a.- La cuerda que nos tiende el Padre de las misericordias: la esperanza en la providencia de Dios.
“Entre tantos beneficios como hemos recibido y estamos recibiendo cada día de la generosidad de nuestro Padre de las Misericordias, por los cuales debemos mayormente rendir acciones de gracias al mismo Señor de la gloria, uno de los mayores es el de nuestra vocación” (TestCl 2).
Clara, con su LUZ, nos invita a la FE y a la CONFIANZA en este Padre dadivoso del cual Jesús nos dice: “Vosotros tenéis un Padre celestial que ya sabe lo que necesitáis. Por lo tanto, buscad primero el Reino de Dios y su justicia y todo lo demás se os dará por añadidura” (Mt 6, 32-33). Vivamos con la esperanza de que “Dios ya sabe lo que nos conviene” (J. T. Carta 16-6-1868).
b.- La cuerda que nos tiende Dios en su Hijo Jesucristo: la esperanza de gozar de su amor redentor.
“Transfórmate toda entera, por la contemplación, en imagen de su divinidad, para que también tú sientas lo que sienten los amigos cuando gustan la dulzura escondida que el mismo Dios ha reservado desde el principio para quienes lo aman. Y dejando absolutamente de lado a todos aquellos que, en este mundo falaz e inestable, seducen a sus ciegos amantes, ama totalmente a Aquel que por tu amor se entregó todo entero” (CtaCl 3, 13-15).
Clara, con su LUZ, nos invita a un AMOR TOTAL A CRISTO, a gustar la dulzura del encuentro con Él, a vivir en una íntima unión para gozar de su presencia continuamente y, poco a poco, alcanzar la transformación en Él. Y, desde Él, nuestro corazón tendrá una mirada nueva y vivificante, esperanzada.
c.- La cuerda que nos tiende la pobreza: la esperanza liberadora.
“¡Oh bienaventurada pobreza, que da riquezas eternas a quienes la aman y abrazan! ¡Oh santa pobreza, que a los que la poseen y desean les es prometido por Dios el reino de los cielos (cf. Mt 5,3), y les son ofrecidas, sin duda alguna, hasta la eterna gloria y la vida bienaventurada!” (CtaCl 1, 15-16).
Clara, con su LUZ, nos invita al DESPRENDIMIENTO, a despojarnos de todo aquello que nos pueda atar o reducir un pedacito del amor indiviso del corazón, para tenerlo ocupado solamente por Dios. Es una llamada a poner los ojos en las riquezas eternas y no en lo pasajero y efímero. ¿Qué debemos soltar para ser más libres? Una llamada firme a vivir la MINORIDAD, fuente de esperanza.
d.- La cuerda que nos tiende el amor fraterno: la esperanza transformadora.
“Debemos ser solícitas siempre en guardar unas con otras la unidad del amor recíproco, que es vínculo de perfección” (RCl 10, 7).
“Y amándoos mutuamente con la caridad de Cristo, mostrad exteriormente por las obras el amor que tenéis interiormente, para que, estimuladas por este ejemplo, las hermanas crezcan siempre en el amor de Dios y en la mutua caridad” (TestCl 59-60).
Clara, con su LUZ, nos invita, desde la pobreza de espíritu, a no amar nada temporal para no perder el fruto de la caridad (cf. 1CtaCl 1, 25). En definitiva, estimuladas por su ejemplo, AMEMOS PROFUNDAMENTE A NUESTROS HERMANOS, cuidemos a cada uno y dejémonos cuidar con humildad y sencillez, como lo más específico del carisma del pastoreo que hemos heredado.
Somos “pastores y pastoras”, llamados a cuidar la vida desde el amor que Dios derrama en nosotros. A cada uno le digo: ¡Libere el amor de su corazón, expréselo, compártalo! Así crecerá cada comunidad de la Fraternidad. De ahí nace la esperanza de una fraternidad universal.
“Esperanza, ¿por dónde andas?”. Tenemos una certeza: Vayan a las raíces, a nuestro ser hermanos menores. Ahí es donde hemos ido a beber al meditar las cuerdas que nos tiende la Hermana Clara, las cuales nos hacen vislumbrar motivos de esperanza para el hoy de nuestras vidas: cuerdas de fe y confianza, de amor apasionado por Cristo, de acogida de la pobreza hecha desprendimiento y de un amor incondicional a cada hermano/a como don y posibilidad de encuentro y crecimiento mutuo. ¡Cuánta LUZ!
Dejémonos iluminar por esta luz y pidamos al Espíritu que nos renueve la mente, el corazón y los sentidos para vivir abiertos a sus mociones y, así, detectar los senderos que debemos transitar para ser signos de esperanza, desde la pequeñez que tanto agrada a Dios.
Para ello, dejémonos interpelar. He aquí un par de cuestiones para meditar bajo la unción del Espíritu Santo:
- A la luz de las cuerdas que nos tiende santa Clara, ¿qué nos está pidiendo Dios en este momento como Fraternidad de Seglares Capuchinos de la MDP?
- Póngase en camino de búsqueda para descubrir las rendijas por las que se quiere meter la esperanza. Descríbalas.
Y, con las mismas palabras de Clara, les animo a seguir “creciendo de lo bueno a lo mejor, de virtudes en virtudes para que Aquel a quien servís con todo el deseo de vuestra alma, se digne daros con profusión los premios deseados” (1CtaCl 1, 32).
Finalmente, pidamos la intercesión de nuestra Madre:
María, Madre de la esperanza,
tiéndenos tu cuerda en nuestras búsquedas,
para hallar la respuesta a la pregunta:
ESPERANZA, ¿POR DÓNDE ANDAS?
Acompáñanos en nuestra conversión
para que la esperanza se note en el brillo de nuestros ojos,
reflejo de la mirada interior transformada por el encuentro con tu Hijo.
Que, como Tú, María,
sepamos “levantarnos y ponernos en camino al encuentro de la Vida”
desde la aparente fragilidad en la que vivimos,
porque ¡EL AMOR DE CRISTO, NUESTRA ESPERANZA, NOS MUEVE!
Con el deseo de una bendecida fiesta de Santa Clara, les abraza su hermana,
Mª Carme Brunsó Fageda.
Superiora General.
Barcelona, 2 de agosto de 2025