Mensaje con motivo de la fiesta de Santa Clara 2021.

“Queremos ser fieles imitadoras de Santa Clara”.

(J. Tous. Const. 1851, Cap. 1)

De los Estatutos del Voluntariado – Cap. I; 2, 7:
Seguir la espiritualidad de Francisco y Clara de Asís. 

 

a. El Voluntario Capuchino Madre del Divino Pastor, con
desprendimiento franciscano, glorificará al Señor con
todas sus criaturas. 

 

b. Con Francisco y Clara de Asís debe moverse en un
ambiente de sencillez, fraternidad y alegría, contribuyendo
a llevar a todos EL BIEN y LA PAZ. 

 

c. Al estilo franciscano procurará tener un gran respeto
por la vida e incluso por todo lo creado, un acercamiento
de respeto y acogida a nuestro entorno viendo la
naturaleza como obra de Dios que hay que cuidar, respetar
y amar.

 

“Queremos ser fieles imitadores de Santa Clara hija
primogénita de nuestro Seráfico Padre San Francisco, a la
cual tomamos por madre y protectora de este nuestro
pobre instituto” (Padre José Tous)

santac

¡PAZ Y BIEN!

 

Bondad” es la palabra que más veces pronunciamos este año al recordar a nuestro Fundador en el 150º Aniversario de su muerte. Miramos sus ojos y nos transmiten bondad. Miramos sus gestos y son “bondad en acción”. Leemos las primeras Constituciones redactadas por él y hablan del “exceso de la bondad divina” al llamar a las hermanas a este estado de vida pobre y penitente. Y, antes de concluir el primer capítulo, nos hace un regalo fruto de su bondad enraizada en los modelos de la minoridad franciscana: una madre y protectora -Santa Clara- de la que dice, refiriéndose a las hermanas: “Queremos ser fieles imitadoras” (Const. 1851, Cap. 1). También ustedes, Voluntarios Capuchinos MDP, llamados a vivir el carisma tousiano, afirman: “Queremos ser fieles imitadores de Santa Clara” (Estatutos Cap. I; 2,7).

 

Me he puesto a pensar en estos cuatro términos: QUEREMOS, SER, FIELES E IMITADORES. ¡Qué riqueza y profundidad en tan pocas palabras! Inicia con un verbo que nos pone en movimiento la voluntad, junto con el deseo de conseguir un ideal. Inmediatamente nos dice cuál: ser fieles imitadores de Santa Clara. Podría haber utilizado otros verbos como: procuraremos, intentaremos, buscaremos…, ¡pero no! Está claro, pone en juego la libertad, el rasgo más propio del ser humano, con el fin de que la elección del camino espiritual sea un fruto y una decisión firme: Sí, QUEREMOS.

 

Siguiendo el itinerario nos encontramos con: SER. Un verbo copulativo que nos atribuye una condición intrínseca permanente expresada con el término IMITADORES; es decir, personas que actuamos y nos comportamos a semejanza de Clara de Asís. Y, en esta imitación, con toda FIDELIDAD: firmes y constantes en nuestros ideales, viviendo según los compromisos adquiridos.

 

El P. Tous nos lo deja bien claro: constantemente, siempre hemos de ser otras “Claras”. Veamos, pues, los rasgos esenciales de Clara de Asís que la convierten en un espejo para todos nosotros:

 

  1. Un amor esponsal “al más bello de los hijos de los hombres a quien contempla con el deseo de imitarlo” (cf. 2CtaCl 20), el cual hace de ella virgen fecunda como respuesta a su llamada: “La llevaré al desierto y le hablaré al corazón” (Os. 2, 16). Una experiencia de amor que la impulsa a una alianza permanente con el Señor Jesús desde la juventud. Madre y hermana Clara, espejo del Sí al Amor, enséñanos a “amar totalmente a Aquel que por nuestro amor se entregó todo entero” (cf. 3CtaCl 15).

  1. Un amor radical a la pobreza, fruto “de abrazar, como virgen pobre, a Cristo pobre” (2CtaCl 18). Inspirada por el Espíritu, busca la pobreza siempre y en todo y la vive como el camino de identificación con Cristo. El privilegio de la pobreza se convierte en el sello de una certeza interior, de un fuego que quema el corazón para anonadarse como su Señor (cf. Flp 2, 6-7 ). Madre y hermana Clara, espejo de humildad y minoridad, enséñanos a “mirarle hecho despreciable por nosotros y seguirle, hechas nosotros despreciables por Él en este mundo” (cf. 2CtaCl 19).

  1. Un amor filial a la Madre “que engendró tal Hijo, a quien los cielos no podían contener y ella, sin embargo, lo acogió en el pequeño claustro de su sagrado útero y lo llevó en su seno” (3CtaCl 18-19). Una experiencia de contemplación de la Madre, inseparable de la del Hijo que le adentra en el misterio de la fecundidad espiritual por la transformación de su corazón en un “útero” que engendra vida por el amor y la donación total de sí misma. Madre y hermana Clara, espejo de la bondad maternal, enséñanos a “adherirnos a nuestra dulcísima Madre” (cf. 3CtaCl 18).

  2. Un amor ardiente y perseverante en la plegaria que inflama su anhelo de ser totalmente de Jesucristo, de permanecer unida a la Vid Verdadera (cf. Jn 15, 1) y “mirar atentamente a diario este espejo y observar sin cesar en él su rostro (…) donde resplandece la bienaventurada pobreza, la santa humildad y la inefable caridad” (cf. 4CtaCl 15-18). Madre y hermana Clara, espejo de plegaria, enséñanos a “orar y velar continuamente” (5CtaCl 13).

  1. Un amor misericordioso a las hermanas a las cuales ama entrañablemente como don de Dios. Un signo profético para el mundo mediante el ejemplo cotidiano del cuidado fraterno, siendo “un solo corazón y una sola alma” (Hch. 4, 32). Madre y hermana Clara, espejo de amor fraterno, enséñanos a “manifestarnos confiadamente los unos a los otros nuestra necesidad” (cf. RCl 8, 15-16).

  1. Un amor universal manifestado en la intercesión continua por todos y cada uno de los hijos de Dios, salvados por la pasión y muerte de Jesús. Ella como mediadora, se entrega a sí misma como oblación perenne, “considerando grandes delicias la penuria, la pobreza, el trabajo, la tribulación, la afrenta, el menosprecio del mundo” (cf. TestCl 27-28). Todo lo vive como una excelente oportunidad para ser “ofrenda agradable a Dios” (Rm 12, 1) a favor de los hermanos. Madre y hermana Clara, espejo de oblación, enséñanos a ser “colaboradores del mismo Dios y apoyo de los miembros vacilantes de su Cuerpo inefable” (cf. 3CtaCl 8).

 

Ciertamente, reflejarnos en Clara de Asís es el sueño del P. Tous para todos nosotros. Un sueño que se va haciendo realidad con la vivencia cotidiana de los rasgos mencionados, “tesoros escondidos” (cf. Mt 13, 44) para vivir radicalmente el gran tesoro del Evangelio; una opción de vida en la cual, como nos exhorta Clara, nos hemos de mantener firmes en la carrera emprendida para obtener el premio celestial” (3CtCl 3).

Sí, como respuesta agradecida a la bondad de nuestro Fundador que, dejándose llevar por el Espíritu, nos ha regalado tan bello camino de seguimiento de Cristo, QUEREMOS SER FIELES IMITADORES DE SANTA CLARA, cada día y hasta la eternidad:

 

“Por amor de Aquel a quien te ofreciste como hostia santa y agradable que viendo siempre tu punto de partida, retengas lo que tienes, hagas lo que haces, y no lo dejes; (…) sino que, con andar apresurado, con paso ligero, sin que tropiecen tus pies, para que tus pasos no recojan siquiera el polvo, segura, gozosa y alegre, marcha con prudencia por el camino de la felicidad” (cf. 2CtaCl 10-13).

 

Les encomiendo a María, Madre pobre y custodia de Jesús, para que cuide en ustedes el don que han recibido como Voluntarios Capuchinos, depositado en sus corazones ardientes de amor y, al mismo tiempo, en “vasijas de barro” (cf. 2Cor 4, 7). Que Ella les anime a transitar por la senda de la vida siendo fieles imitadores de Santa Clara, espejo de su Hijo pobre y crucificado.

 

Deseándoles una feliz fiesta de Santa Clara, les abraza su hermana,

Mª Carme Brunsó Fageda.

Superiora General.

Barcelona, 6 de agosto de 2021.